EPÍLOGO -¿Te volverás a casar?-, me preguntó Brenda esa tarde mientras tomábamos lonche en mi club de playa, viendo las olas estrellarse en la playa, haciendo mucho estruendo. Ella hizo tostadas y les untó mantequilla y sirvió infusión de manzanilla. La doctora que me atendía me prohibió café pese a mis protestas porque, ya saben, me encantaba mucho el café pasado. -¡¡¡No vale!!!-, reclamé furiosa, empero mi doctora me dijo que la edad no perdona. -Ya no eres una jovencita, Jacky, los años pasan y después de los tiempos de despilfarro, nos corresponde ahora la época de ahorro-, reía la doctora viéndome desconcertada y malhumorada a la vez porque ella me había prohibido el café. -No, ya no, hija, diez matrimonios son suficientes je je je-, me reí de buena gana, disfrutando de la manzanilla. Estaba exquisita. -¿Qué es lo que pretendías madre, casándote tantas veces? ¿No podías estar sin un hombre a tu lado? ¿Te sentías vacía sin una compañía masculina?-, quería mi hija adivin
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