—Ufff... —me contraje a su alrededor, con el cuerpo pulsando de necesidad. Primero un dedo, luego dos, deslizándose lentamente hacia adentro y hacia afuera de mí, resbaladizos y húmedos.—¿Estás lista, nena? —sus dedos me dejaron y gimoteé, intentando aferrarme a él mientras se echaba hacia atrás. Me di cuenta de que se estaba quitando la camisa y desabrochando los pantalones. La tenue luz de la ventana recortaba su silueta, y la longitud de su miembro mientras se estimulaba y se movía hacia mí.—Estoy tan lista —susurré, guiándolo hacia mí mientras me recostaba en la cama. Con dedos hábiles terminó de desatar los cordones de mi vestido y este cayó a ambos lados de mi cuerpo, dejándome desnuda y expuesta sobre un charco de tela que brillaba como estrellas a mi alrededor.—Eres tan malditamente hermosa —gruñó mi Alfa, sujetando mis muslos y posicionándose entre ellos—. Intentaré ser cuidadoso, pero es difícil contigo viéndote así.—No seas cuidadoso —le insté, estirándome hacia él y
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