POV: Elías—Dime que pare —le advertí, dándole una última oportunidad para salvarse de mí—. Dime que me vaya ahora, porque si te toco... si te toco de verdad, no voy a poder detenerme. No esta vez.Mariana me miró. Sus ojos brillaban en la oscuridad, feroces y decididos.—Si te vas —dijo, tomando mis manos y poniéndolas sobre su piel desnuda, bajo la tela de la camiseta, subiéndola hasta su pecho, yo dejando escapar asombros de contención—, te juro que te iré a buscar y romperé tu puerta. No quiero que pares. Quiero que te quedes. Quiero que seas mío, ya.Esa fue mi perdición y mi salvación. La levanté en brazos. Ella enredó sus piernas en mi cintura, caminé a ciegas hasta encontrar lo que parecía ser el dormitorio. La dejé sobre la cama, que era pequeña y crujía, nada que ver con la inmensidad de mi cama en la mansión, pero que en ese momento me pareció el altar más sagrado del mundo.No hubo más palabras. El lenguaje se volvió innecesario.Me quité el suéter de cachemira oscuro en u
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