El correo llegó un martes por la mañana, en la segunda semana de septiembre, cuando Ximena estaba en la mesa del comedor con el café de las ocho y los planos de la tercera etapa que todavía eran solo bocetos pero que ya tenían, en esas líneas sin escuadra del cuaderno verde, la forma de algo que iba a existir.El remitente era Valentina Rourke.La dirección era de la universidad de Lisboa, con ese dominio institucional que Ximena había visto en los correos del posgrado durante años y que producía, incluso en contextos completamente distintos, esa sensación específica de lo acadé
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