EPÍLOGOHabían pasado cuatro años.Cuatro años de paz después de la muerte de Rachel, cuatro años en los que, por primera vez en mucho tiempo, la vida les había permitido respirar sin miedo, sin amenazas, sin la sombra constante de perderlo todo.Y en ese tiempo… la familia no solo había sanado. Había crecido.La mansión Blackwood estaba llena de risas, de pasos pequeños corriendo por los pasillos, de voces infantiles mezclándose con la música suave de una celebración que lo significaba todo.Ese día era especial.El cumpleaños de los hijos de Miguel y Armand.En el jardín, decorado con globos, flores y mesas llenas de dulces, los niños corrían de un lado a otro, ajenos al mundo adulto, viviendo su propia aventura.El pequeño Angelo Rossi corría desesperado, mirando hacia atrás mientras escapaba de su prima Rafaella Carusso.—¡Adrieeeeen, sálvame! ¡Mi prima me quiere pegar! —gritó, escondiéndose detrás del mayor.Rafaella llegó con los brazos cruzados, indignada.—¡Dijo que mi pelo par
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