La velada fue mejor de lo que Olivia esperaba, al menos eso creía. Estaban en el auto de camino a la casa de Killian y ella se encontraba absorta viendo las calles de la ciudad a través de la ventana. —Me alegra mucho que hayas congeniado con Elizabeth —Killian comenzó la conversación—, eso es importante a la hora de hacer cualquier tipo de negociación. —No te negaré que estoy un poco sorprendida. —Olivia se encogió de hombros—. A mí también, parece tener los pies bien puestos sobre la tierra y no una de esas inútiles mujeres de la alta sociedad.—Pero tú eres una de ellas —él quiso pincharla. Olivia se giró y, a través del reflejo de las luces en el exterior, pudo observar que sus ojos brillaban con un poco de diversión, al mismo tiempo que apretaba los labios porque estaba conteniendo una risita de burla.—¡Como siempre! —exclamó alzando las manos en exasperación—. No pierdes oportunidad de lanzarme el zarpazo, ¿verdad? Esa es tu especialidad, golpear cuando nadie lo espera. Sus
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