Habían pasado tres años desde la exposición que cambió la vida de Emma. Rose tenía cinco años, empezaba el kínder, y la carrera artística de Emma había florecido más allá de sus sueños más locos."Mamá, ¿tengo que ir a la escuela?", preguntó Rose, tirando de la mano de Emma mientras se acercaban a la escuela primaria."Te va a encantar, cariño. Harás nuevos amigos, aprenderás cosas nuevas, pintarás cuadros...""¿Como tú?"Emma sonrió. "Igual que yo."Llegaron al aula de Rose, luminosa y alegre, con pósteres del alfabeto y coloridos contenedores de juguetes. La maestra, la Sra. Chen, las recibió con cariño."¡Tú debes ser Rose! Estamos muy emocionadas de tenerte." La Sra. Chen se arrodilló a la altura de Rose. "¿Te gustaría ver el rincón de arte? Tu mamá me dijo que te encanta pintar."Los ojos de Rose se iluminaron. Miró a Emma en busca de permiso."Adelante, cariño. Estaré aquí enseguida." Emma observó a Rose explorar el aula, con el corazón henchido de orgullo y dolorido por el agri
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