El viento del amanecer golpeaba los árboles del claro central con la fuerza de un látigo helado. Cientos de guerreros de Blood-Crag estaban congregados en perfecta formación, con los pelajes erizados y las respiraciones convertidas en densas columnas de vapor blanco. En el centro del círculo, los siete ancianos del consejo vigilaban desde sus monturas. Gideon mantenía los ojos amarillos fijos en el estrado de piedra, con la paciencia de un verdugo que sabe que el hacha está a punto de caer.A mi lado, Lysander permanecía inmóvil. Su rostro lucía la perfección impasible de un monarca de piedra, pero a través de la Unión de Almas, yo estaba viviendo su infierno. Mi sangre mortal, vertida sobre su cicatriz, estaba actuando como una red de espinas al rojo vivo en su interior. Sentía cómo la sombra original se retorcía en su pecho, aullando de furia al verse comprimida por la pureza de la estirpe de la Aurora. El dolor le quemaba las entrañas, un tormento silencioso que amenazaba con hacer
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