CAPÍTULO 189 Lo que una mirada no olvida El día del bautismo de Luz y Lucien llegó envuelto en una calma hermosa. La iglesia estaba decorada con flores blancas, cintas suaves y pequeños detalles que Mía había elegido con una delicadeza que emocionaba. Cristian no se separaba demasiado de ella, atento a los bebés, al bolso, a los chupetes, a todo lo que pudiera necesitar su esposa. Luz dormía tranquila en brazos de Soledad, que había llegado desde Canadá con Kevin y su pequeña hija. Lucien, en cambio, estaba despierto, mirando todo con esos ojos enormes como si quisiera entender por qué tanta gente lo observaba con ternura. Los padrinos estaban presentes. Soledad y Kevin por Luz. Renata y Franco por Lucien. Y ahí empezaba el verdadero problema. Renata estaba de pie junto a Mía con una expresión tan seria que parecía que estaba por firmar una sentencia en lugar de acompañar el bautismo de su ahijado. Franco estaba unos pasos más allá, intentando no incomodarla, aunque cada vez q
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