Todo mi cuerpo se congeló. Por un segundo, no pude producir sonido. Era como si hubiera ensayado mil discursos y, en el momento en que realmente necesitaba, hubiera olvidado hasta mi nombre.Del otro lado, silencio. Un silencio que claramente era de juicio.Tragué saliva."Hola, mamá", mi voz salió pequeña, ridícula. "Feliz Día de las Madres."El silencio del otro lado se volvió algo vivo.Cuando habló, fue con una calma que dolió más que cualquier grito."¿Cómo tienes el descaro?"La palabra descaro, en su boca, sonó como asco."Yo... no debería haber llamado", dije, rápido, ya intentando retroceder, ya intentando no existir."No deberías", respondió. "La verdad es que no deberías haber hecho muchas cosas, Maria Eugênia. Pero aquí estamos."Mi estómago se revolvió."Mamá...""No vengas con 'mamá'", cortó. "No vengas a desear felicidades en el día de hoy. No tienes ese derecho después de lo que hiciste. Solo me causaste infelicidad. Humillaste a nuestra familia."Cerré los ojos, apret
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