Carolina alzó las palmas a los lados de sus hombros - divertirnos, claro - dijo lo obvio. Los labios de Dayana se tiraron en una sonrisa mal escondida. No pudo evitar la emoción. Ya que nunca tuvo la oportunidad de ir a uno, se olvidó los malos prejuicios que formuló y se concentró en la ilusión de tener una nueva experiencia. Sin embargo, trató de disimular, ya que se había convertido en una adulta. Cuando volvieron al trabajo; ya que iban en grupo, Dayana se metió con ellos al ascensor. Al salir, en la pared frente a la cocina, en la que dividía el pasillo con el comedor, encontraron un papel pegado. Los cuatro se detuvieron, rodeándolo. Empezando de la izquierda con Miguel, Carolina, Raúl y Dayana respectivamente. La primera en acaba
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