Mundo ficciónIniciar sesiónDayana guardó tanto aire como pudo, meneando la cabeza - el jefe es…es… - volvió a temblar. Se encogió en el sofá comprimiendo el estómago; mientras las uñas se encajaban en sus palmas - lo odio - rugió con los dientes comprimidos.
Dayana siguió llorando; en tanto los ruidos en la cocina comenzaron de nuevo. Pasó un tiempo, no supo cuánto; pero p







