Cuando se mudaron de Canadá, sintió que había dejado la mitad de su corazón allí, porque también dejó atrás su trabajo. En aquel entonces, a Oliver no pareció importarle cómo se sentiría ella.Aún recordaba lo sorprendida que se sintió cuando él le dijo que tenía que renunciar, pues partirían a Dubái tan pronto como terminara la ceremonia de la boda. No dijo nada en ese momento porque, en aquel entonces, Oliver siempre estaba enojado con ella y solía hablarle con sarcasmo.No le quedó otra opción más que obedecerlo y resignarse a dejar el trabajo del que ya se había enamorado. Muchos de sus colegas se sorprendieron, y lo único que pudo decir fue que, tal vez, eso era parte de la vida matrimonial: renunciar a lo que solías hacer por tu cónyuge.Habían pasado un par de días desde que se enfocaron en organizar su nuevo hogar y, en ese tiempo, Maya pudo notar un cambio en Oliver. Él había cambiado con ella. Podía sentirlo en la forma en que la trataba, como si todo fuera real, sin ninguna
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