Unos minutos después, divisó una farmacia al otro lado de la carretera. Sin pensarlo dos veces, hizo un giro de 180 grados y se dirigió hacia allí. No sabía qué necesitaba Maya, pero si era algo importante, no quería retrasarlo.Apenas detuvo el coche, Maya salió de inmediato.Oliver esperó, distraídamente mirando por la ventana, hasta que vio a Maya salir de la farmacia… con las manos vacías.Frunció el ceño.Maya se acercó y golpeó suavemente la ventanilla del coche. Oliver bajó el cristal y la miró, notando cierta duda en su expresión.—¿Qué pasa?Maya pareció debatirse unos segundos antes de hablar.—Lo siento, Oliver… no traje dinero conmigo. ¿Te importaría darme algo de efectivo?No lo miró a los ojos al decirlo.Oliver no dudó ni un instante.—Por supuesto. Aquí.Sacó su billetera y, en lugar de efectivo, le entregó su tarjeta.—La clave es 1759 —dijo con calma.Maya lo miró sorprendida, pero él simplemente repitió:—1759.Ella tomó la tarjeta con cuidado.—Gracias, Oliver. Te
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