Las palabras de Alexander fueron como un bálsamo para las aprehensiones de Caroline, borrando sus dudas. Su firme compromiso y sinceridad la tranquilizaron: Beth había encontrado, en efecto, a un compañero que la valoraba. Una sonrisa genuina se extendió por el rostro de Caroline y sintió que se le quitaba un peso de encima. Ahora sabía que Beth estaba en buenas manos.
Ella sonrió de oreja a oreja.
—Hay algo que necesito decirles —continuó Alexander, con la mirada puesta en la mujer que sost