Al día siguiente, al abrir los ojos, recordó la noche anterior.Después del beso, que no rechazó, fue alzada en brazos y llevada hasta la cama, dejando que él, lentamente, le quitara la ropa.—No hice esto —susurró, cubriéndose el rostro con las manos, sintiéndose arrepentida por haberse entregado demasiado rápido.Como el reloj aún no había sonado, creyó que todavía era temprano; iría a buscar a Ethan para decirle que eso no volvería a suceder.Al abrir la puerta del cuarto, se encontró con Marta, que tenía a Ava en brazos.—Buenos días, Marta. ¿Llegaste más temprano? —preguntó confundida.—Buenos días, Rafa. No, llegué a la hora de siempre.—¿La hora de siempre?Aún confundida, vio su celular en el sofá y, al tomarlo, sintió que el alma se le salía del cuerpo.—¿Son más de las diez y media? —se asustó.—Así es.—¿Cómo? ¿Por qué no me despertaste?—Pensé que sabías el horario.—No, no lo sabía, ni siquiera escuché sonar mi celular —se quejó.—Yo tampoco escuché nada.—Dios mío, estoy
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