Capítulo 93. Un castigo.
Cuando Adrian llegó a la mansión, halló la casa sumida en un extraño silencio.—¿Dónde están los niños y Elena? —preguntó a Charles cuando el mayordomo lo recibió en la entrada.—Los trillizos ya duermen, señor, y la señora estaba en la salita del piso principal, trabajando en los documentos de su empresa —respondió, mientras tomaba el abrigo de su jefe y lo colgaba en el ropero.Adrian emitió un gruñido de molestia y subió enseguida al primer piso para retar a Elena por quedarse hasta tarde trabajando, sin atender las recomendaciones médicas de descansar.Pero no la halló en ese lugar. Allí las luces estaban apagadas y todo en una calma misteriosa. Él apretó el ceño, seguro de que Elena se había enterado de su llegada y enseguida dejó todo para ir a la habitación y simular que ya dormía, así que se dirigió con paso apresurado a su dormitorio sin disimular su molestia.Al entrar, la encontró como lo había sospechado: acostada en la cama, dormida. O al menos, haciéndole creer eso hacía
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