Capítulo 107. Día de fiesta.
A la mañana siguiente, la mansión McGraht hervía de actividad. El personal iba de un lado a otro, guiados por los trillizos, que querían que todo estuviese perfecto.Theo había elegido un salón donde tendría en exhibición toda su colección de historietas, que eran muchas. Así como sus libros con historias de detectives y policías y sus juegos de mesa, algunos inventados por él. Además de sus muchos muñecos alegóricos a las historias que leía.Max había instalado en el patio todo un gimnasio. Tenía pelotas, material deportivo, colchonetas y hasta cuerdas colgadas de los árboles para trepar. Por supuesto, sus espadas y cascos de esgrimas ocupaban un lugar preferencias, así como sus espadas de madera y el enorme oso, casi sin relleno, que servía de víctima para sus ataques.Leo era el más práctico. En el salón de juego dejó a la mano todos los juguetes que poseía, pistas de autitos, castillos armables, laberintos de bolitas, artículos electrónicos y hasta una cocinita equipada de cuando
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