Capítulo 8. Salida obligada
Lionel apenas había dormido. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Viola lleno de lágrimas, sentía sus labios desesperados contra los suyos y el roce de su mano sobre su verga. Se levantó antes del amanecer, se duchó con agua fría y bajó a su despacho para intentar trabajar un rato.A la hora del desayuno, Rachel ya estaba en el comedor, con mejor semblante que la noche anterior. Viola apareció poco después, vestida con un sencillo suéter holgado y pantalones cortos. Tenía ojeras, pero su expresión era serena, casi inocente.—Buenos días —saludó con voz suave, mirando primero a Rachel y luego a Lionel solo un segundo.—Buenos días, cariño —respondió Rachel con suavidad—. ¿Dormiste bien?Viola sonrió débilmente.—Más o menos. Tuve una pesadilla, pero ya pasó. Hoy es un nuevo día.Lionel apretó la mandíbula y se concentró en su café.Rachel, ajena a la tensión, sonrió con entusiasmo.—Y un nuevo comienzo...Y hoy es sábado y hace un día precioso. Creo que deberíamos salir de co
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