CAPÍTULO 64:—Joder, Aria... —Él le hundió dos dedos sin previo aviso, curvándolos contra ese punto que hacía que sus rodillas flaquearan. Ella soltó un grito, acariciándolo más rápido en represalia.Se tocaron así durante largos minutos: la mano de ella bombeando su longitud, los dedos de él follándola, el pulgar moliendo su clítoris en círculos implacables.Los gemidos llenaron la habitación: los de ella agudos y desesperados, los de él bajos y guturales.—Necesito más —jadeó ella—. Dentro de mí. Ahora.Lucian sacó sus dedos, los lamió para limpiarlos mientras sostenía su mirada, y luego le dio la vuelta para que quedara de cara a la pared.Le abrió más las piernas de un empujón, se posicionó en su entrada y se hundió profundamente de una estocada brutal.Ambos gimieron fuerte, de forma cruda, aliviada.—Tan estrecha —gruñó él, saliéndose casi por completo antes de arremeter de nuevo—. Tan jodidamente perfecta.Aria apoyó las manos en la pared, empujando hacia atrás para recibir cad
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