En el apartamento de Lena, tras llamar a su contacto para pedir ayuda, este le aseguró que resolvería el problema y que la llamaría cuando terminara.Evelyn se sentó en el suelo, mordiéndose las uñas nerviosamente mientras miraba fijamente el teléfono de Lena, esperando la llamada. Lena, comiendo fideos instantáneos con la boca llena, puso los ojos en blanco.—Si tienes tanta hambre, ¿por qué no comes los fideos en vez de comerte a ti misma?Evelyn suspiró exasperada. —Lena, ya se está haciendo tarde y no puedo irme a casa hasta que resuelva esto.Lena volvió a poner los ojos en blanco. —Sigo sin entender por qué no le pediste ayuda a Roman. Ese tipo literalmente lo tiene todo: dinero, poder, contactos. Si le hubieras pedido ayuda, esto no habría escalado tanto.Evelyn respondió preocupada: —No lo entiendes. Ya no soy una niña ingenua. Aunque Roman es amable conmigo, todavía no puedo confiar en él por completo. Quiero decir, hasta mi propia familia me abandonó. ¿Y si mañana decid
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