Chloe DonovanLa mansión Blackwood todavía olía ligeramente a las tostadas carbonizadas de Dominic, pero el ambiente ya no era de desastre, sino de una calidez vibrante. Spencer y Casey habían llegado hace una hora con la pequeña Izzi, quien ahora gateaba a toda velocidad por la alfombra del salón persiguiendo a Gárgola. El perro, por su parte, parecía haber encontrado a su alma gemela en la bebé; ambos eran igual de caóticos y ruidosos.—Dominic, en serio, el detector de humo de la entrada principal me envió una alerta al móvil —decía Spencer, desparramado en el sofá con una copa de vino en la mano—. Pensé que los Rose habían vuelto para un segundo asalto, pero veo que el único enemigo fue una rebanada de pan integral.—Cállate, Spencer. Estaba probando la resistencia térmica de la cocina —respondió Dominic con su habitual tono gélido, aunque no podía ocultar la chispa de felicidad en sus ojos mientras me rodeaba los hombros con el brazo.—Bueno, antes de que sigan peleando por la ef
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