CAPÍTULO CIENTO DIECISÉISPOV DE SELENECuatro días después del rescate encontré un ritmo.Las mañanas eran con Aelara, que se recuperaba de manera constante y resultó ser el tipo de persona que se recupera manteniendo las manos ocupadas con trabajo. La mayoría de las mañanas nos sentábamos en el estudio de Maera y ella hablaba. Sobre el linaje fundador, sobre el Vínculo del Eclipse, sobre la historia de la línea Lunar que nunca me habían contado porque las personas que me criaron no la conocían y quienes sí la conocían estaban muertos o escondidos.Hablaba de mi padre.Su nombre era Cael. Un lobo alineado con los Lunares, proveniente de una línea que se había mantenido deliberadamente en la oscuridad, moviéndose entre manadas sin establecerse en ninguna, permaneciendo oculto de la manera en que la gente se oculta cuando algo poderoso los está buscando. Había encontrado a Aelara cuando ella tenía veintidós años y habían sido compañeros durante tres años antes de que el alcance de Ther
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