Dejé escapar un suspiro y terminé gimiendo suavemente, presionando mis manos aún más fuerte en mi intimidad cada vez más humeda.—Me gusta como tú prefieras… —Respondí, un poco aturdida, sin siquiera saber cómo logré recordar a tiempo para corregirme. —Como usted prefiera, señor…Vi la mandíbula de Ares apretarse cuando me escuchó llamarlo de esa manera de nuevo, y moví mi mano con más fuerza, frotándola en mi.—Muéstrame cómo te pones por mí. —Ordenó, entonces, cuando solté un jadeo.—Sí, señor… —Dije, o gemí, y utilicé toda mi fuerza de voluntad para dejar de estimular precariamente mi intimidad, luego, con las manos libres, subí la blusa, sujetándola para mostrarle mis bragas mojadas.Ares miró mi intimidad, húmeda y necesitada, deslizando su lengua entre sus labios y negando cuando traté de estimularla, desesperada por un poco de alivio.—No, cariño. —Negó, incisivamente. —Todavía no.Lloriqueé de nuevo, reprimiendo desesperadamente el impulso de masturbarme por no querer desobede
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