POV AnyraAzkariel yacía frente a mí en la cama. Desnudo. Cada línea de su cuerpo me dejaba sin aliento. Hombros anchos, músculos firmes, torso trabajado con precisión, piel canela que brillaba con la luz tenue de la habitación, cintura marcada, glúteos perfectos que no podía dejar de mirar y ojos azules como el cielo claro.No había nada artificial en él; era real, era intenso, y yo estaba atrapada. Nunca había sentido tanta atracción por alguien, nunca había querido tocar con tanta desesperación.Hace seis meses lo conocí.Aquella noche estaba destinada a ser mi noche de bodas. Gustavo Oregon, mi esposo, me dejó sola en un hotel para irse con su amante, y me dijo palabras que me marcaron de por vida: que nunca me amaría, que yo no era más que una mujer manchada, un error que existía solo para su desprecio.Lloré esa noche, lloré hasta que el corazón me dolía.Me di cuenta de algo doloroso pero cierto: Gustavo nunca me amaría, ni siquiera si le entregara mi vida, ni mi alma.¿Para qué
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