DEMETRIA“Mi princesa, ¿estás ocupada?”, preguntó mi padre en cuanto contesté su llamada.“No, papá, solo me tomé un descanso de la cocina. Ahora estoy en mi oficina”, respondí, reclinándome en la silla y frotándome las sienes.“¿Cómo estás, hija mía?”“Estoy bien, papá, ¿y tú?”“Yo también estoy bien, ¿cómo está mi yerno?”, bromeó, y al instante pude imaginar su sonrisa a través del teléfono.Me quedé paralizada un momento, mirando fijamente el portapapeles de mi escritorio. Se me secó la garganta mientras buscaba desesperadamente una respuesta. ¿Cómo está? Esa sola pregunta me oprimió el pecho.“¿Demetria?”, su voz rompió mi silencio, con un dejo de preocupación en su tono.—Seguro que está bien, papá —dije con cuidado, manteniendo un tono firme.—¿Por qué dices eso, hija? —insistió suavemente.Suspiré, cerrando los ojos un momento—. Tuvimos… un malentendido, papá. Fui a verlo la semana pasada y encontré a otra mujer en su casa. Desnuda. Acababa de salir de la ducha. Tenía mala pint
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