MARION
—¿Cómo diablos sigo corriendo a tus brazos? —preguntó Demetria, con la mirada fija en el cielo como si le estuviera pidiendo respuestas al mismísimo Dios.
No pude evitar reírme. —Está escrito en las estrellas, Wildfire. Dios sabe perfectamente lo que hace.
—Claro que no —replicó, pero alcancé a notar cómo su mirada se posó en mi rostro por un instante antes de apartarla.
Demetria se removió en su asiento, cruzando las piernas mientras las luces de Los Ángeles entraban por la ventana, roz