En la gran mansiónLore conecta el golpe.El aire se siente frío, pero la calidez que la recorre por completo, ya por haber terminado su tercera, cuarta, quinta, quién sabe cuál copa de vino, es lo suficientemente fuerte como para dejarse llevar por sus impulsos.— No te atrevas a ofenderme, desgraciado. ¿No te das cuenta? — Declara Lore, mirándolo frente a frente, ya que ese enorme hombre con ese golpe se había encorvado ante el dolor y había quedado a la altura de la pequeña Lore, un metro cincuenta. — ¡¿Te encuentras bien?!— Cuestiona la morena, gritando, para que la mujer la escuchara.— Sí…— Dice como una especie de susurro.— Bien, entonces este desgraciado tendrá que pedirte perdón.En ese momento, Lore trata de encestar otro golpe y después se gira para tomar la muñeca del hombre para torcerla.— aaajjj ¡Maldita perra!Un jadeo se escucha en el lugar, contenido por los dientes del agredido, hasta que la voz de la desconocida se escucha fuerte y clara.— ¡Alto! —Grita ell
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