Capítulo 13.
Damián conecta su mirada con el ojo del tuerto y en eso él comprende perfectamente qué es lo que sigue.
El rubio desvía la mirada de ese hombre de forma asesina sus palabras en dirección de la morena.
— Espero que el turbio no se moleste por compartir a su mujer con su hermano.
Los jadeos agudos de la rubia comienzan a atravesar el lugar.
— ¡¿Tú también, Karen?! ¡¿Tú también te acuestas, maldita, con mi hombre?!
Los gritos desesperados y los golpes dejaron de concentrarse en el tuerto para irs