Linda le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso con una pasión ardiente.La alegría se expandió dentro de Sebastian como ondas sobre un lago, ensanchándose con cada latido de su corazón. Se besaron profundamente, sin aliento, con las mejillas encendidas, perdidos en el calor del otro… hasta que el sonido del teléfono rompió el momento.—Es Darren. Seguramente se dio cuenta de que escapaste —dijo Sebastian, mirando la pantalla.Linda inclinó la cabeza, con las mejillas sonrojadas y la mirada aún soñadora. Entre respiraciones agitadas, preguntó:—¿Vas a decir la verdad?—¿O prefieres que espe
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