~ALESSIA~ Cuando el amanecer empezó a teñir débilmente las ventanas, Federov estaba terminando de vendar a Maksim y dando instrucciones claras sobre reposo, antibióticos, curaciones y vigilancia por la pérdida de sangre. Maksim lo escuchó con cara de estar dispuesto a ignorar la mitad de las indicaciones, así que me aseguré de mirarlo con una advertencia lo bastante clara para que entendiera que, si se atrevía a levantarse antes de tiempo, yo misma lo amarraría a la cama. Lo subieron a nuestra habitación con cuidado y lo acomodaron sobre la cama. Cuando todos salieron, cerré la puerta y me quedé de pie junto a él unos segundos, observando su rostro agotado, la piel pálida, los vendajes y la sombra de dolor que aún intentaba esconder por orgullo. Entonces todo lo que había contenido durante la noche me golpeó de nuevo, pero esta vez más bajo, más hondo, como una ola negra que me subía desde el pecho. —Pudiste morir —dije, sin poder evitarlo. Maksim giró apenas el rostro hacia m
Leer más