Dereck retrocedió instintivamente, chocando contra el marco de la puerta.—Vuelve a decirme que estoy loca —dijo Gimena, su voz ahora era un hilo de acero cortante—. Dilo una vez más, Dereck, y te juro que será lo último que hagas antes de asegurarte de que nunca vuelvas a ver a tu madre.En la habitación iluminada por esa luz amarillenta y enferma, el aire era irrespirable.El arma seguía apuntando directo al pecho de Dereck.Pero él… no retrocedía.Su respiración era pesada, irregular, y sus ojos no se apartaban de ella.De lo que quedaba de Gimena.—Mírate… —murmuró, con la voz rota—. Por favor… mírate.Su mirada recorrió el vestido blanco manchado de sangre, el vendaje empapado, la escena absurda que parecía sacada de una pesadilla.—¿En qué te convertiste…?Gimena lo observó en silencio… y luego sonrió.Una sonrisa torcida.Irreal.—En lo que tú necesitabas —resp
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