Capítulo 142: Familia verdaderaUn poco más tarde, el grupo familiar llegó animoso a la mansión, apenas cruzaron el umbral a su llegada a casa, el alegre grupo se encontró en el salón con una impresionante mujer.Reinaldo, que venía caminando con una energía renovada, se había quedado rezagado un instante al observar el vehículo deportivo de lujo estacionado en la entrada; un coche que no pertenecía a la flota de la mansión de Leónidas, y que no le resultaba inquietantemente familiar.Al entrar al salón, el grupo se detuvo en seco. La luz de la tarde entraba por los ventanales, iluminando la silueta de una mujer que aguardaba sentada en el sofá del recibidor. Era joven, notablemente menor que Leónidas, de una belleza fría y una elegancia que gritaba privilegio.Al escuchar los pasos, se levantó con una parsimonia estudiada, ajustándose el impecable vestido que se ceñía a su cuerpo.—Mírense... —dijo ella, con una voz de seda que cortaba como el cristal—. Toda una familia feliz. ¿Viene
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