Capítulo 144: Hija pródiga
El ama de llaves, una mujer que había servido a Leónidas con discreción durante años, caminaba un paso por delante, manteniendo una postura rígidamente profesional. El eco de los tacones de Renata sobre el parqué del pasillo principal sonaba como una marcha de ocupación.
—Esta es el ala este, señorita Renata —dijo el ama de llaves, deteniéndose frente a una puerta de doble hoja—. Es la habitación más amplia de este piso, con vistas al jardín trasero.
Renata ni siquier