Stephen estacionó en el aparcamiento subterráneo del hospital, rodeó el auto hasta el lado del pasajero, abrió la puerta y le ofreció la mano a Kylie. Kylie lo miró, puso los ojos en blanco y dijo que no necesitaba ayuda. Sin embargo, en cuanto se puso de pie, resbaló y cayó al suelo. Por suerte para ella, los reflejos de Stephen fueron rápidos y la atrapó antes de que golpeara el cemento.Stephen no la reprendió, pero insistió en ayudarla hasta el ascensor. Ya dentro, Kylie se vio reflejada en el espejo. Llevaba una gorra y gafas, con la esperanza de no ser reconocida.Mientras el ascensor se acercaba a su destino, Stephen explicó que habían contactado al cirujano experto y que esa sería su primera consulta.—La madre de Jane —continuó— no está en muy buen estado. Si no hubiera recibido este tratamiento, probablemente habría muerto antes de que terminara la semana.—Entonces ayúdala a superar esto. Te lo ruego —dijo ella.—De acuerdo, no te preocupes, lo haré. Solo no entiendo por qu
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