Capítulo 142Arya.Dos años pueden parecer un suspiro o una eternidad, dependiendo de cómo se midan. Si se miden por el crecimiento de los robles en el jardín o por la solidez de la moneda de amatista en los mercados del Sur, han pasado rápido.Pero si los mido por la profundidad del sueño de Dorian cada noche, han sido los años más largos y bendecidos de nuestras vidas.La Ciudadela ya no es solo una fortaleza; es el corazón palpitante del Norte. Por sus pasillos ya no resuenan órdenes de combate, sino el eco de comerciantes, estudiantes de medicina y el bullicio de una paz que se ha vuelto costumbre.Me encontraba en la nueva ala de la biblioteca, revisando los últimos informes del hospital. Silas había logrado estabilizar el suministro de sueros y la mortalidad infantil en el valle había caído a cero.—Mamá, ¿ya terminaste? —la voz de Kael me sacó de mis pensamientos.Mi primogénito ya no era el niño asustado que huía por los bosques. A sus ocho años, caminaba con una seguridad que
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