~HARPER SULLIVAN~ Me quedé inmóvil, con la espalda recta como si ese gesto pudiera sostenerme entera. Cole seguía arrodillado frente a mí, tan cerca que podía ver la sombra de humedad en sus pestañas y el brillo tenue de la lámpara resbalando por su cabello aún húmedo. La habitación subterránea estaba en silencio, un silencio denso, como si el aire se hubiera vuelto piedra y nos obligara a respirar despacio. —No —repetí, pero mi voz ya no tenía fuerza. Sonó como una excusa, como una defensa mal puesta. Él no se movió. No intentó tocarme de inmediato. Solo me sostuvo la mirada, paciente, como si comprendiera que mi negativa no era para él, sino para mí. —Déjame ayudarte —dijo otra vez, suave, casi como si temiera espantarme—. Solo eso. Tragué saliva. Mis manos se aferraron al borde de la colcha, estrujándola, buscando un ancla. —Yo… puedo sola. —Lo sé —respondió—. No estoy dudando de ti, Harper. Ese “lo sé” me apretó el pecho. Porque, por extraño que sonara, yo sí sentí
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