~HARPER SULLIVAN~ Cuando Cole se giró sin decirme más nada, me quedé mirando su espalda mientras se alejaba y se subía al caballo con movimientos bruscos, tensos, como si cada gesto fuera una descarga de rabia contenida. No me dedicó ni una última mirada. Solo giró al animal y se fue, levantando polvo y mal humor a su paso. Respiré hondo. No sabía si sentir alivio o preocupación. Pero, cuando el ruido de los cascos se perdió en la distancia y el silencio se volvió incómodo, de ese silencio que no es vacío, sino lleno de cosas no dichas, solo entonces pude relajar mis hombros y respirar con normalidad. Son embargo, al segundo siguiente pensé en Edmund y el estado de relajación se esfumó de inmediato. «Maldita sea». Esperaba, con todas mis fuerzas, que a Cole no se le ocurriera ir a preguntarle si de verdad había sido él quien había dado la orden de que Aarón me enseñara el trabajo del rancho. Porque no. No había sido Edmund. Había sido yo. Una mentira rápida, improvisada, lanzad
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