Emma no durmió esa noche.Se quedó mirando el techo de su cuarto, reproduciendo cada conversación que había tenido con A.H. en los últimos cuatro meses. Cada palabra ahora tenía un sabor diferente. Amargo. Metálico. Como sangre en la boca después de morderse la lengua demasiado fuerte.Las 2 AM cuando le había contado sobre su padre alcohólico, sobre cómo Elena había tenido que criar a Danny y a ella prácticamente sola. Las veces que había llorado virtualmente sobre su inseguridad académica, sobre sentirse como un fraude esperando ser descubierta. La noche que le había confesado que tenía pesadillas sobre fallar. Todas esas confesiones que le había hecho a un extraño, excepto que nunca había sido un extraño.Había sido él.A las 4:17 AM, Emma se dio cuenta de algo peor.Aquella vez en clase, cuando Victoria la había humillado frente a todos, cuando había dicho que su análisis de Daisy Buchanan era simplista y derivativo. Emma había ido al baño y le había escrito a A.H., llorando virtu
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