“Mmm…” fue mi única respuesta, pues no entendía por qué me contaba todo aquello.Llegamos a la plaza del pueblo y nos topamos con una casa enorme justo en el centro. Medía fácilmente más de un metro de altura, con adoquines y puertas de madera.“Esta es mi casa”, dijo con orgullo, abriendo la puerta. “Por favor, pase”.Hice lo que me pidió y, en cuanto entré, comprendí algo.Este hombre no solo quería poder, sino también ser visto. Ser apreciado. Era evidente por la ostentosa muestra de riqueza.“No pareces impresionada”, comentó, con la mirada fija en mi rostro.Aparté la vista de mi entorno y lo miré. “¿Debería estarlo?”.Una leve sonrisa cruzó su rostro. “La mayoría de la gente lo está, considerando todo…”.“Quizás, pero yo no soy como la mayoría”, señalé.“Sí, ya veo”.Nos detuvimos en una zona de descanso con hermosas sillas artesanales, cubiertas con colchas.—Por favor, siéntate —murmuró, pero sus palabras sonaron como una orden.Así que me detuve un instante y, un segundo desp
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