OriónEl aire era diferente esa noche: más denso, más cálido y cargado con el aroma a humo de leña de la chimenea. Después del caos del día: la lucha, la huida.La adrenalina aún vibraba en mis venas; el silencio se sentía extraño, casi frágil, como si en cualquier momento fuera a estallar con nuevo vigor.Cada sonido aún se oía con claridad nítida: el crepitar del fuego, el suave silbido del viento nocturno colándose por las rendijas de las paredes, incluso el suave susurro de Lysera moviéndose en la cocina.Se movía con una gracia que apenas podía describir. Cada gesto, una obra de arte, cada paso fluido, como si el suelo nunca la restringiera.Incluso en algo tan mundano como preparar la cena, irradiaba poder. No pude evitar observarla, estaba embriagado.Era como si no fuera consciente de su efecto en la gente.Aunque sabía que lo notaría si la miraba demasiado tiempo. Había un tenue resplandor a su alrededor, casi imperceptible, como el aura de alguien que llevaba la luz misma en
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