AidenGary y yo entramos juntos en mi oficina, el familiar aroma a madera pulida y papel envolviéndome después del ajetreo de la reunión anterior. Fui directo a mi silla y me senté, relajando los hombros mientras me recostaba, mientras Gary tomaba el asiento frente al mío, ya pasando páginas en su tablet como si el trabajo nunca se detuviera realmente para él.Nos metimos en el tema de negocios de forma natural. Me puso al día con documentos que necesitaban mi firma: permisos, aprobaciones internas, reasignaciones de presupuesto. Los repasé rápidamente, firmando donde hacía falta, preguntando donde los detalles importaban. Mencionó un par de eventos próximos que requerían mi presencia, reuniones con accionistas que les gustaba sentirse vistos por el Alfa en persona. Aprobé algunos, pospuse otros. Era rutina, eficiente, el tipo de ritmo que había dominado durante años.Al cabo de un rato, Gary carraspeó de esa forma deliberada que hacía cuando tenía algo más interesante que decir.—Hay
Leer más