Cuando dos almas se fusionan tan completamente que ninguna sobrevive intacta, lo que nace no es suma sino mutación, y todos los que amaban a las originales lloran a dos muertas.El silencio después de la batalla era absoluto. No el silencio de la paz, sino el de la muerte reciente, espeso y pegajoso como sangre coagulada. Me encontraba de pie sobre los restos de los Olvidados, mis manos—mis manos, aunque el concepto de posesión se había vuelto extrañamente fluido—aún brillaban con residuos de poder. Plateado en la izquierda. Dorado en la derecha. Como si mi cuerpo mismo no pudiera decidir qué era.Porque no puedo, pensé, y la voz en mi cabeza no era la de Adriana ni la de Nephara. Era algo nuevo. Algo que no tenía nombre todavía.—Madre.La voz de Valdís llegó desde mi izquierda, teñida de una esperanza tan frágil que dolía escucharla
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