La cocina desprendía un aroma tenue, como a azúcar empezando a caramelizarse y vainilla. Sofía estaba frente a la estufa, volteando un panqueque con soltura experimentada, aunque su atención no estaba del todo en lo que hacía.El suave siseo de la mezcla al contacto con el calor llenaba el espacio silencioso, mezclándose con el tictac del reloj de pared y el zumbido ocasional de la nevera. Era una de esas mañanas lentas.Jasmine seguía dormida. Y, por una vez, Sofía no salía corriendo por la puerta, ni pensaba en el trabajo, ni se preparaba para otra larga noche en el club. Necesitaba el dinero, pero se sentía bien simplemente estar sentada todo el día, tener momentos a solas y tranquilos, leer buenos libros, dar largos paseos. Había tanto que no había estado haciendo; quizás, antes de empezar a buscar trabajo, usaría este tiempo para relajarse.Exhaló lentamente, apoyando la cadera contra la isla de la cocina mientras dejaba que el panqueque se cocinara un poco más de lo necesario.—
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