Todo se sentía surrealista, Maximiliano esperaba que solo estuviera teniendo un mal sueño. Que su ángel estaba de vuelta en casa, sano y salvo. No sabía qué haría si ella lo dejaba acababan de comenzar una vida juntos, ella no puede irse, todavía no...Maximiliano sintió como si una mano se clavara en su pecho y le estrujara el corazón cada segundo... sintió como si espadas afiladas atravesaran su corazón una a la vez.Gritó, echando la cabeza hacia atrás. Las lágrimas corrían por su rostro mientras sostenía el cuerpo inerte de Amelia en sus brazos.Al menos todavía estaba caliente, eso era una buena señal, ¿verdad? No podía perderla. Él haría cualquier cosa para tomar su lugar.—¡Que alguien llame a la puta ambulancia! —Maximiliano gritó.—Ya casi está aquí, señor, puede escuchar las sirenas —dijo Alberto.Seguramente, Maximiliano escuchó la sirena desde la distancia, pero sintió que estaba tardando una eternidad.¿Y si fuera demasiado tarde? Podría haber llevado a Amelia al hospital
Leer más