—Ah, Maximiliano —el sensual gemido de Amelia casi lo hizo soltar, pero se imaginó viendo unicornios para evitar estallar antes que ella.
—Joder, esto es escandaloso, es posible que nos escuchen —dijo Amelia sin aliento.
—Nadie vendrá aquí pronto —gimió Maximiliano mientras golpeaba, una embestida profunda a la vez.
El piano seguía emitiendo sonidos extraños debido a que presionaban teclas al azar mientras lo hacían.
—Ahhhh, Maximiliano... hazme más fuerte.
Amelia echó la cabeza hacia