Elara—Haremos otra ronda en dos horas, vayan a dormir —les grité a los cinco guerreros frente a mí. Gruñeron, y entendía su frustración, pero no me importaba. Mi madre estaba en coma. Los sanadores tuvieron que inducírselo porque perdía la razón cada vez que abría los ojos. Gritaba y se sacudía, se jalaba el cabello, con la mirada desorbitada, sin ver nada a su alrededor, pero lo que fuera que su cerebro le mostraba había convertido a mi dulce y dócil madre en una lunática violenta y desquiciada. Mi padre era un desastre; yo había asumido todas sus responsabilidades. No podía alejarse de ella, estaba demasiado distraído y terminaría lastimándose a sí mismo o a alguien más. Me di la vuelta para irme, con la esperanza de descansar un poco yo también. Necesitaba pasar a ver a mi papá primero.Jax, Dev y yo nos habíamos turnado para llevarle ropa y comida cada día. La primera vez que lo hice, peleó conmigo por dejarla sola cinco minutos para ducharse en los vestidores de los sanadores.
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