RykerSe hizo a un lado y palmeó el espacio vacío junto a ella, y al instante empecé a entrar en pánico. No sabía si podía hacer aquello, estar cerca de ella y mantener mis manos quietas. No sabía si mi lobo me lo permitiría. Aquello tenía que ser lento, por el bien de ambos. ¿Y si era demasiado brusco y la lastimaba? ¿Y si era pésimo y ella terminaba de rechazarme? De todos modos, creía que lo que teníamos en ese momento era mejor. Me enfrentaba a manadas de lobos y a rebeldes despiadados. Arrancaba gargantas y derramaba sangre por la seguridad de mi manada sin parpadear. Sin embargo, la primera vez que consideré acostarme junto a una hembra, mi compañera, en la misma cama, sentí que iba a vomitar. Respiré profundo y caminé hacia su cama, frotándome las palmas contra los pantalones cortos lentamente, con la esperanza de que no se diera cuenta.—¿Está bien así? —pregunté, acercando la mano a la manta. Esperaba que mi voz sonara segura.—Eso creo. ¿A ti te parece bien? Supuse que si
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