Doscientos capítulos después, la verdad sigue siendo la cosa más cara del universo.La nave de los Arquitectos flotaba ante ellos como una promesa rota. No era grande. Quizá del tamaño de una casa pequeña, con superficies que parecían absorber la luz en lugar de reflejarla. No había marcas. No había ventanas. Solo una forma que dolía mirar directamente, como si los ojos se negaran a procesar algo que no debería existir en tres dimensiones.Mira dio un paso atrás instintivamente. El lobo dentro de ella, ese fragmento ancestral que había despertado con sus ojos plateados, gruñía con una advertencia que no necesitaba palabras. Peligro. Huye. Esto no es para ti.Pero sus piernas no se movieron.—¿Está... vacía? —preguntó Dorian. Su voz sonaba extrañamente plana, como si el aire mismo alrededor de la nave absor
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