—Te ves hermosa mi niña, se que tu madre nos está acompañando, y yo, no podría estar más orgullose de la maravillosa hija que tengo —Con aquellas palabras, Gerard ofrecía su brazo a su hija para juntos caminar hacia el altar que se había montado en los jardines de la mansión Lancaster.Después de aquella irreparable perdida que para siempre había marcado los corazones de los amantes, Enzo había sido sometido a un escandaloso juicio en donde todas las verdades habían salido finalmente a luz siendo condenado a cadena perpetua en prisión. Su madre y hermana, avergonzadas de lo que él había hecho, se habían marchado de Estados Unidos con rumbo desconocido, siendo ayudadas por los Lancaster y llevando consigo apenas migajas de lo que una vez fue el imperio Stone.La familia real de Inglaterra, había aceptado públicamente la relación de la Baronesa Borbón con Daniel Lancaster, todo gracias a la implacable diligencia y perseverancia que el Duque se Sussex había mostrado para lograr que Emma
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